Depresión - Mujer

Depresión: si Robin Williams y Erika de la Vega se deprimieron, ¿por qué yo no?

¿Por qué nos cuesta tanto hablar de la depresión?

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que causa un sentimiento de tristeza constante y pérdida de interés. Muchas veces nos cuesta hablar de ella porque igual nos cuesta aceptar que somos vulnerables.

Ellos, los famosos en depresión.

Tantas historias relatadas y tantas que no, tantas famosas como las historias de quienes ya no están, como la #RobinWilliams.

Ese actor famoso que detrás de sus sonrisas escondía tristeza y depresión, estados que debieron ser muy agobiantes para que él decidiera quitarse la vida.

Así cobró más sentido una de sus frases:

“Creo que las personas que han experimentado las mayores tristezas son las que siempre se esfuerzan más en hacer felices a otros; porque ellas saben lo que es sentirse desolados y abatidos, que no quieren que nadie más se sienta así”. -Robin Williams-.

Y tantas otras historias cómo las de quienes siguen y aunque parezca increíble, si, se deprimieron y lo reconocieron, como le sucedió a la admirada locutora y comediante #ErikaDeLaVega.

La valentía, el reconocimiento y las causas.

A ambos personajes les aplaudo su valentía, ambos merecen nuestro respeto y admiración. Y no por ser famosos y llevar a cuesta de la fama una verdad tan humana como la depresión, si no por sus decisiones. Esas que tomaron en pro de su libertad espiritual, pese y a pesar de todo y de todos.

Uno de ellos decidió dejar este plano y la otra reactivar su vida. Y además darle sentido a través de las experiencias de otras mujeres, que al igual que ella, tuvieron que reinventarse #EnDefensaPropia.

Quedarse en el problema o en la emoción, no es una decisión. Muchas veces tiene que ver con la falta de reconocimiento, si, de reconocer en principio nuestra situación, de entenderla y darle la importancia que merece.

De ambos sigo aprendiendo, de ellos y de otros tantos menos famosos quizás, pero con esa misma experiencia de la desesperanza y la tristeza.

Las causas pueden ser muchas, o una en particular como por ejemplo, una perdida, abandono, un cambio forzado de estilo de vida, de profesión, de país, e incluso por las carencias y heridas no sanadas de la infancia.

La familia y sus lecciones.

En mi familia no hemos sabido hablar de nuestras tristezas, en mi familia hemos tenido muchas perdidas, rupturas, traiciones, abandonos y carencias de amor.

Cada uno como pudo fue descubriendo y atendiendo lo que emocionalmente no lo dejaba avanzar hacia la felicidad. Como pudieron y hasta en silencio para no preocupar al otro, fueron disimulando y aparentando sobriedad en medio del ahogo. Cada uno como pudo, fue transitando, aprendiendo y fortaleciéndose en sus mismas experiencias.

De cada uno he aprendido y en mi deseo irrespetuoso, tal vez por verlos felices, intervenía de alguna manera, pero no logré mucho por ellos, aunque suene egoísta, logré más para y por mí. Sus experiencias y forma de enfrentar cada situación fueron dándome importantes lecciones de vida.

Él, uno de mis hermanos en depresión.

Uno de ellos, al que consideraba más débil o vulnerable de todos; en medio de su profunda depresión, me fue mostrando sin darse cuenta que yo estaba igual, pero no me permití aceptarlo, yo tenía todo para estar bien y feliz, no era yo la que debía deprimirse.

Él, mi hermano, nunca lo supo, pero en cada lagrima que el botaba, en cada mirada perdida que le descubría, estaba también mi desesperanza y dolor, por él y por mí.

Depresión - Hombre

Pasaron varios años, el no tuvo un final feliz como lo deseaba, pero un día me dijo “estoy en paz”, eso fue suficiente para saber que a pesar de las situaciones poco agradables que vivía, iba poder “vivir” y en el camino darse cuenta que su felicidad estaría siempre dentro de él mismo.

Años más tarde me tocó a mí, se me cayó la capa de super mujer, en realidad nunca quise quitármela, pero cayó, y lo primero que hice fue pedirle perdón a Dios por haber juzgado a tantos y a él, a mi hermano, por haberme creído valiente ante la debilidad de otros, por haber creído que era mejor esconder la “depresión” que aceptarla y trabajar por salir de ella. Fueron muchos años cavando mi propio hueco, hasta que llegó el momento en que quede desnuda sin mi capa de “super mujer” y me tocó caer.

El inicio de mi experiencia con la depresión.

Siempre me ocupe, desde los 12 años, me ocupe, no fue una decisión, fue mi único salvavidas en medio de la perdida de mi madre y del desmembramiento de la familia. Me ocupé de:

  • Llenar mi vida de amigos y dedicarles la atención que yo quería recibir.
  • De cubrir espacios vacíos con la limpieza y el orden, muchas veces obsesivo.
  • Estudiar y tratar de ser la mejor, porque sin darme cuenta, fue una herramienta para recibir reconocimiento.
  • Hacerle caso a eso de tener novios o algo parecido; fueron como muchos, no los entendía, ni ellos a mí.
  • Y luego de trabajar, de comer y de trabajar al máximo, sin darme cuenta de las horas, solo de vivir la experiencia, de aprender y entregar lo mejor de mí. Me llenó tanto mi primer trabajo formal, que casi dependía de él para vivir, se convirtió en más que un empleo, allí crecí y formé la familia de la vida, encontré a personas divinas que me aceptaron y me amaron como era, como soy.

De la relación e hijos

  • Me ocupe de una relación de pareja que a muy temprana edad me despertó el deseo de poder estabilizarme y tener una familia, me entregue a ese amor que llenaba mis días de diversión y adrenalina, pero también de protección y paz.
  • Al pasar varios años, con ese mismo amor, formé una familia, y me ocupé de ella, tanto que me convertí en proveedora, en principio quise ser solo la proveedora de amor, pero me obsesioné por ir más allá y me sentía indispensable para lo emocional y lo material también.
  • Me ocupe de que viviéramos “bien” de poder tener al alcance lo que consideraba merecíamos.
  • Me ocupé de comer, era tan satisfactorio, tan agradable para mi comer, pero comer “rico”, para mi eso era igual a “comida chatarra”, me llenaba. Tan mal fue que la factura llegó muy alta y costó pagar su precio, ese que se llama “obesidad”, esa que maltrató mi autoestima.

Inteligencia emocional.

  • También me ocupe de tratar de entender la inteligencia emocional, esa que aplique durante mucho tiempo más para ayudar a quienes se acercaron en momentos difíciles, y que en ocasiones me funcionaba para neutralizar situaciones complejas y hasta personas tóxicas que se iban apareciendo en mi vida.

El quiebre, “se me cayó la capa”.

Si, esa que me ocultaba y me hacía fuerte a la vez, esa misma capa que use durante años, esa que me dio el poder de “ocuparme” de todo lo mencionado, menos de mí.

Esa capa que durante años tapó lo que realmente pasaba en mi interior. Quedé al descubierto, no de otros, sino al descubierto frente a mi misma.

La capa venía desgastándose y terminó de caer cuando decidí emigrar, cuando dejé mi refugio y mi soporte profesional, económico, material y mi gran soporte humano, mi gente, esa que solo sabía darme amor.

En medio de la vulnerabilidad quedé sin el amor de pareja, no fue la causa, fue otra consecuencia.

Depresión mujer

La Fe, mi Fe, mi Dios.

Sin empleo, sin mi pareja, sin mi gente; caí, me vi caer, me aferré a Dios y a pesar de mi terquedad por querer resolverlo yo, tomé la mejor decisión de mi vida, decidí entregarle todo lo que me pasaba, le fui sincera a mi Dios y le dije la verdad: “ya no puedo más”.

Sin exagerar, desde ese entonces sentí que me llevó obligada a pesar de mi misma, a vivir las emociones de las que tanto había huido, me hizo vivir “mi depresión”, si, era solo mía, nadie tenía la culpa.

En medio del proceso, todo me salía mal y mi tristeza alejaba de mi cualquier posibilidad de reactivarme en lo profesional, así como me sentía, así me veían desde afuera, muy gris, con la energía bajita; ¿y quién va a querer tener cerca a alguien así?.  

La recomendación de una psicóloga fue la de medicarme y darme un tiempo, pero no lo tenía, no había tiempo para mí, debía proveer, se agotaban los ahorros y seguían los compromisos del diario vivir, así como las necesidades de mis hijos. Esa hubiese sido una gran opción, más cómoda quizás, pero no, me toco vivir mi depresión “derechita” caminando, buscando, intentándolo, me toco luchar contra la vulnerabilidad.

Soporte para andar y vivir mi proceso de depresión.

  • Dios, sobre todas las cosas Dios y las oraciones que nos conectaban a diario, donde le describía lo que me dolía.
  • Mis hijos, me necesitaban más que nunca, ellos también vivían su propio proceso de cambio.
  • Un hermano y su palabra.
  • Dos amigas, una presencial y la otra a la distancia.
  • Contar, a pocos, pero contar lo que vivía.
  • No pude ir a terapia, pero leí mucho, escuché muchos audios y vi muchos videos de expertos en el tema, sin duda y sin el saberlo, #CarlosFraga se convirtió en terapeuta y Dios terrenal.
  • Desempolvar las herramientas de la inteligencia emocional.
  • Ir logrando emplearme y generar ingresos, volverme a sentir productiva. Aunque el empleo en esta segunda etapa no me llenaba, no me sentía a gusto, me sentía como evaluada, vigilada y por dentro temerosa de perderlo, todo eso junto hacía poco agradable estar empleada de nuevo, pero me daba el respiro económico que se necesitaba.
  • Volver a valorar lo básico y sencillo de la vida.
  • Más adelante, #PapaJaime, él, su luz, sus atinadas explicaciones sobre las falsas creencias.
  • El perdón, aunque siento que debe seguir el proceso, el solo hecho de empezar a perdonarme y a perdonar a los protagonistas de algunos desordenes en mi vida, me fue liberando, descargando y generando paz.

La clave.

Aceptar lo que me estaba pasando y permitir derrumbarme, siendo humilde y considerada conmigo. Revisar el nacimiento de mis miedos, de mis fantasmas y mi dolor, descubrirlos y hablarles de frente, sin capa.

Observar la tristeza. No es bueno quedarse en ella, pero es importante observarla para aprender de ella, para escuchar lo que nos viene a decir.

Es bueno ser positivo, pero también es permitido transitar por la tristeza, permitírsela y aprender. Reconocerla y aceptarla, no es igual a quedarse en ella.

Aceptación

Recomendación adicional para hacer frente a la depresión.

  • Si está a tu alcance, busca ayuda profesional, el proceso lo irás entendiendo mejor.
  • Recurre a las herramientas de la inteligencia emocional.
  • Cada proceso es único y diferente, no generalices, no te presiones.
  • Celebra cada logro que vayas teniendo, por más pequeño que sea.
  • Vuelve a ti, valorando quién eres.

… mi vida sigue en ON.

Sigo siendo positiva, hoy volví a tener la familia que tanto soñé, un día sin esperarlo volvimos a estar juntitos los cuatro, juntitos y nada más, lo suficiente, la bendición hecha realidad.

Hoy hay sueños, mañana no sé. Hoy no quiero más capas de super mujer, hoy solo quiero ser mujer, con poderes para amarme y ser feliz.

¡La vida es hoy!

Mayra Rengifo

Curso Inteligencia emocional para la familia

 

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